Desde La Ventana




Si pudieran verte como te veo

con una oscuridad taimada y suave

y sobre ti, cabalgando incesante

el tiempo.


El Sol se rejeja en tu piel

como en un espejo estriado

mientras que debajo bulle la vida

constante.


Tu rostro mirando el cielo azul

pintando a con las nubes

imaginando lejanías y mares

volando.


Ojalá pudieran verte como te veo

en esta mañana fria y clara

desde esta ventana por la que acecho

la vida.

Ciudad

Ciudad
Mi ciudad se levanta
como un murmullo que crece,
que se mezcla, que grita,
que se convierte en canción
y luego en ruido.
Mi ciudad, es prestada,
porque no es de mi ni de nadie,
ni tiene horarios establecidos.
No me alimenta, mi ciudad,
ni me da muy seguido a mamar
de su ubre enorme y rosada,
pero cuando lo hace
mi ciudad se transforma,
y ya no es mas escandalo,
rascacielos y soledades,
se vuelve entonces arte:
un violín que despierta
en la panza fría del tren,
un poema pegado en un zafacón,
una pintura acariciando el alma
en cualquier esquina...
Mi ciudad, que no es mía,
ni prestada, ni de nadie,
se vuelve a veces una casa colectiva
en cada calle y cada rostro.


Dias Articos



Mi casa esta muerta.
He vuelto a mis reflexiones personales
y a mi musica de los noventa
con la cola entre las piernas
y las esperanzas rotas,
como siempre.
He empezado a recordar de nuevo
los tiempo mejores
y las escapadas a las nubes de musica
volando en colchones ajenos
con genios sinuosos y amables
que dejaban tras de si un fuerte olor
a sexo y sudores, en las ganas,
y en el alma sabor a melodias
dulces y efimeras
como los chocolates de San Valentin.
Puedo sentir en mis labios
ese beso de fuego, temeroso,
encerrado en ese baul andante
que transportaba nuestros cuerpos
hacia la noche y el extasis.
Mi casa esta muerta,
muerta...
Pero yo, afortunadamente, no.

Grito (Buscando Desahogarme)




Grito sin paciencia, sin calma.

Grito porque no puedo más,

porque estoy harta, vacía.

Grito porque el cuerpo lo pide,

porque el humo del cigarrillo

no abandona mis arterias.

Grito porque no valen las disculpas,

porque las palabras se consideran vacías,

porque no se pueden borrar de la piel

ni los errores, ni los tatuajes, ni los besos.

Grito porque estoy harta

de ser villana, bruja,

de estar maldita,

de ser comida de peces,

de perder a mis afectos,

de esperar lo que no llega...

Grito de cansancio, de dolor, de soledad...

Grito para poder ser yo ne nuevo.

Confluencia




Tengo una soledad acompañada
de corrientes eléctricas y átomos solitarios,
donde convergen como en un basurero,
lo mejor y lo peor de la humanidad.
Mi soledad no pregunta oficios,
ni números de identidad y electoral
sino que abre sus alas a lo desconocido
para no negarse un poco de compañía.
La electricidad, a su vez,
responde con la misma fuerza de un rayo,
a la velocidad de la luz,
haciendo brotar de mis dedos
palabras instantáneas, diluidas, descafeinadas.
Tengo una soledad que no está sola
una soledad que canta, que sueña,
que resuelve conflictos, que se enoja,
una soledad enamorada y desenamorada,
triste y feliz, triunfadora y derrotada,
que vive a través de otros,
que fluye a través de mi,
hacia el universo de almas solitarias
que se acompañan mutuamente,
repitiendo un ciclo eterno de desamparo
donde al final de cada día
me voy a la cama sola y acompañada.

Idem...


Para Gía


La tranquila vacuedad de este lugar
con sus conversaciones supérfluas
y sus sillitas frágiles y verdes,
espanta hasta la náusea.
Me he vuelto de pronto invisible
porque las palomas no me huyen
ni los hombres me miran,
con mi tendencia eterna a caerme
y mi expresión nula en el rostro.
En la distancia aparece, difusa,
tu cabeza de parasoles, risueña, distraída,
trayéndote a ti, colgando del cuello
ayudada por unas alas invisibles
que te hacen flltar, toda tu,
a mas de medio pie de altura
sobre el pavimento que no te merece.
Ahí vienes, reyna, ninfa, mujer,
a llenar el vacío de este lugar,
a hacerle siginificado a las conversaciones,
a imprimirle fuerza a las sillas verdes,
A distraer todas las miradas,
a espantar palomas distraídas,
y a sentarte junto a mi...
que no te merezco ni te conozco,
y a entregarme con una sonrisa y un beso,
la vida que me hace falta.

Despedida Seca

A mi amigo Henrry, que decidió cerrar su casa e irse a andar.




Pensar que me cubría de poesía
con cada palabra que salía de tu boca,
con tu casa llena de soles, de mares bravos,
de amores no correspondidos y de mi.
Parece que por fin te haces a la vela
al lomo de ese velero incierto y negro
que alguno de nosotros llama hastío,
mientras cierras tu casa sin despedidas,
recoges tus cosas más necesarias
y dejás diez mil mujeres enlutadas,
entre vírgenes, hadas y putas,
despidiéndote en la orilla del muelle
agitando sus pañuelos,
no necesariamente blancos,
convirtiendo tu partida en un arcoíris fugaz.
Yo me encuentro dentro de esas mujeres,
sin verguenzas, agitando mi pañuelo azul,
sin merecer una mirada piadosa de adiós,
y después de perderte, talvez para siempre,
entre las olas de tu eterno mar en guerra
no puedo negar que me siento algo vacía
sabiendo que es posible que lo que haces
es simplemente una salida drástica
de mi vida, y un poco de la tuya.
Es egoista querer considerarme de algún modo
musa, mujer, universo en dos piernas,
pero quiero recordarme así en tu recuerdo,
en mi recuerdo de ti, que es de mi misma,
como este poema, que es tuyo, de mi,
y siente tu partida hacia las costas de lo incierto,
de lo desconocido, de "lejos de mi",
como una traición y un abandono, en el cual yo y
las nueve mil novecientas noventa y nueve mujeres,
nos tomamos de las manos y nos lanzamos al mar
queriendo alcanzar lo inalcanzable
que reside en tu esencia de marinero,
de océano en debate, de tierra ardiente,
y descansa entre las sábanas de tu barca
arropado con los recuerdos y el dolor
que te llevas contigo, en tu viaje sin retorno.